Inspirada en las algas que se mueven suavemente en las aguas de Ibiza. La sinuosidad de las formas del metal nos reproducen sensualmente una serie de algas que se convierten en sobrias y elegantes joyas de plata.
Blanco y negro, negro y blanco: hipnóticos círculos se repiten para acercarnos al infinito.
Los siete centros energéticos del cuerpo vibran cada uno con su color correspondiente.
El fenómeno del eclipse no puede dejarnos indiferentes. Es maravilloso y al mismo tiempo aterrador: la luna cubriendo el sol, la fusión de ambos astros en un abrazo celestial en plata.
Sencillas esferas onduladas que transmiten paz y plenitud. Es la forma primera, la más esencial de nuestro universo.
Las lágrimas son preciosas, tanto las de piedras como las de verdad. Son la expresión de un sentimiento, la liberación del dolor o la alegría extrema, incontenible.
En el mundo vegetal se inspira mi última colección de joyas. Dentro de una pequeña semilla se encuentra la fuente de la vida, toda la fuerza de la naturaleza contenida. En la tierra germina. Como símbolo de la evolución del hombre, la doble germinación imagina un crecimiento interior y uno exterior, crecer para uno mismo y para la sociedad.
Entre el minimalismo y el simbolismo, Núria Ruiz realiza joyas que reducen a una imagen las vivencias más intensas de la vida de una persona: la unión con el otro, el crecimiento interior, la creación de la vida, el encuentro de lo masculino y lo femenino, la maternidad, la amistad, la armonía, el crecimiento...
En estas joyas solidarias creadas para "Active Africa", la diseñadora Nùria Ruiz ha utilizado el símbolo de una perspectiva para aludir a la perspectiva de futuro que tienen los niños africanos cuando les ayuda una ONG. El 15% de los ingresos de esta colección van destinados a la ONG "Active África", asociación no gubernamental que se dedica a acoger y ayudar a niños en orfanatos y hospitales africanos. Para más información, consulte la web de "Active África" clickando aquí: www.activeafrica.org.
Las piedras pulidas por el mar son pequeñas creaciones del agua, que con paciencia las ha hecho rodar arriba, abajo, inculcando la forma del tiempo, el acabamiento irregular y único de la erosión. Las queremos tocar, imitar y llevar encima como un talismán. ¡Qué bien se alían con el brillante, piedra de la tierra y, por qué no, con la perla surgida de su misma entraña! Cada piedra es distinta y todas nos recuerdan lo esencial: la belleza de la naturaleza virgen.
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